lunes, 25 de abril de 2011

En el jardín...

Arrodillados ante una mesita baja laqueada, de cara al jardín japonés, tomaron un refrigerio consistente en bolitas de melón (calientes, para acentuar el sabor almizclado), ciruelas agridulces, y medio vaso de Irouléguy frío. Terminada la comida, Hana se levantó de la mesa.
- ¿Quieres que cierre los paneles?
- Deja uno medio abierto, para que podamos ver el jardín.
Hana sonrió. Nicholai y su jardín... como un padre delicado, pero voluntarioso. 
Hana dejó caer su quimono.
-¿Haremos una apuesta?
Hel se echó a reír.
- De acuerdo. El ganador recibe... ¿Qué te parece media hora de la delicia de "..."?
- De acuerdo. Estoy segura que voy a gozar mucho con ello.
- ¿Tan segura estás de ti?
- Veremos.
(...)
El juego consistía en hacer que el otro llegara primero al orgasmo, y se jugaba sin restricción de trucos o técnicas. Para el ganador quedaba la delicia de "...", un estremecedor y profundo masaje relajante, en el que la piel de los brazos, las piernas, el pecho, la espalda, el estómago y el pubis, se roza ligeramente... La delicia del cosquilleo obliga a la persona que recibe el masaje a relajarse por completo como única alternativa a la insoportable tensión y placer. La delicia de "..." culmina en un rápido acto de amor sexual. 
Pero, había cierta característica peculiar en su estilo de llevar el juego. Los dos se conocían lo suficientemente bien para conseguir que el otro llegara rápidamente, y a la vez, al umbral del clímax, y era en ese punto en donde el juego se desarrollaba, en la frontera vacilante entre el control y el placer. 
(...)
Hana cerraba los ojos apretándolos con fuerza, con los labios tensos sobre los dientes. Intentaba escapar de la posición envolvente en que Hel la tenía presa, pero él no la soltaba.
- Creía que estábamos de acuerdo en que tú no podías hacer eso - reclamó ella.
- Yo no he hecho ningún acuerdo.
- Oh, Nikko... no puedo... ¡ No puedo aguantar más!
Arqueó la espalda, emitiendo un gruñido de esfuerzo final por evitar el orgasmo.
Su deleite contagió a Hel, que aflojó su control para permitirse el orgasmo justamente después de ella. De repente, su sentido de proximidad dio la alarma. ¡Ella estaba fingiendo! Intentó proteger su mente y detener su orgasmo, pero ya era demasiado tarde. Había superado la frontera del control.
- ¡Diablillo! gritó. 
Hana se reía y terminó unos pocos segundos después que él. 
(...)
Hel rió suavemente y le hizo dar la vuelta, realizaba el excitante masaje con minuciosa atención a la técnica y al detalle. Hana estaba en un estado perfecto. Ella era una delicia para la vista y para hacer el amor. Su mayor cualidad estaba en su pericia para recibir graciosamente un placer total. 





Pd.- No resistí el poner la parte más mágica del libro mágico; 
en todo esto, ellos dos, son "el encanto del silencio al tratar con el mundo exterior, 
y de lo juvenil para hacer el amor." 

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