Puse las flores, en realidad, tu foto de las flores en el portaretrato; fue lo que guardé el momento mismo en que supe que partirías.
Para que no me la arrebataran, la escondí en la obviedad, la mirarían pero no lo sabrían. ¡Era mía!
Y, ahí, en el escritorio reposó por años.
La veía dos, tres o cuatro veces al día.
Cuando te fuiste ya no miré más; la conocía, la mente repasaba sus detalles.
Un momento, en un arrebato, la cubrí con papeles, la extinguí de la memoria. No hubo cámara, no hubo flores, no hubo madre, no hubiste. Venir de la nada.
Y en el caos, el último, la encontré.
Está en la repisa, la veo todos los días, ahora tú habes, pero yo sigo viniendo de la nada.
nada
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