de: en la salud y en la enfermedad…
ó: hasta que la muerte nos separe.
Pues sí, esas dos frasecitas se me grabaron bien en alguna parte de mi lóbulo frontal (ahí creo, porque supuestamente ése es el encargado del raciocinio), o en mi hipotálamo (porque si lo analizo desde otra perspectiva yo deseaba dar cumplimiento cabal a las frases con toda mi emoción).
Bueno, donde quiera que se hubieran grabado andaba por la vida contenta (la la lá) y dispuesta a estar ahí, cuando mi amado lo requiriese.
Llegó el día desafortunado en el que yo estuve enferma y, entonces, él se presentó con una sopa a mi casa… pero, ipso facto, se retiró a su “cueva” a dar rienda suelta a su masculinidad. Tenía una tarea importante que cumplir, una actividad impostergable, de aquellas que no se puede dejar pasar bajo ningún término: en un duelo mano a mano tenía que demostrar su valentía.
¡Su honor estaba en juego (literalmente este último sustantivo)!
El debía dejar anonadado a su “archienemigo” con su superioridad en táctica y la sapiencia de todos los trucos (técnica) de su nuevo deck. De hecho, se trataba de una feroz lucha de… Magic.
(Para aquellos/as no familiarizados/as permítanme les explico: el Magic es un jueguito de tarjetitas de caja de cereal, a lo Digimon – y me matarán los fanáticos del Magic por decirlo así – pero básicamente la idea es que cada cartita tiene unos lindos dibujitos y cada una tiene un “súper poder”. Es un juego tan especial que exige de otro implemento para que se lleve a cabo el ritual: nada menos y nada más que: una mesa… la que puede ser de madera o de metal, de tres o cuatro patas, así de común-corriente-y-silvestre especial).
¡Su honor estaba en juego (literalmente este último sustantivo)!
El debía dejar anonadado a su “archienemigo” con su superioridad en táctica y la sapiencia de todos los trucos (técnica) de su nuevo deck. De hecho, se trataba de una feroz lucha de… Magic.
(Para aquellos/as no familiarizados/as permítanme les explico: el Magic es un jueguito de tarjetitas de caja de cereal, a lo Digimon – y me matarán los fanáticos del Magic por decirlo así – pero básicamente la idea es que cada cartita tiene unos lindos dibujitos y cada una tiene un “súper poder”. Es un juego tan especial que exige de otro implemento para que se lleve a cabo el ritual: nada menos y nada más que: una mesa… la que puede ser de madera o de metal, de tres o cuatro patas, así de común-corriente-y-silvestre especial).
De todo esto, la niña investigadora que hay en mí dedujo que: estar enfermo y demostrarlo es signo de debilidad. Claro, había algo mucho más trascendente en la historia de la humanidad – vencer en un duelo mano a mano, etc, etc, etc.
Desde ahí en adelante yo desarrollé mi propia técnica de vida: si estoy enferma y no quiero contrariar a mi flamante novio con una de mis "impertinencias" y hacerle perder valioso tiempo viniendo a casa a dejarme una sopita… obvio, se hace necesario que me cuide sola, me haga la so-sopita (a lo Mafalda) sola y espere sola a que se me pase el “gadejo” - sola y en abstracto.
Ya sin novio, hace un par días estuve enferma… y se me hizo difícil no tener a quién hacer “berrinche”. Deduje que extrañaba tener a quién fastidiar y me sentí como un ogro. ¡Qué sentimientos malvados y egoístas desarrollaba ante el simple hecho de sentirme vulnerable en la vida! Como castigo, decidí curarme sola y no pedir ayuda ni a la vecina.
Entonces, apareció el chico magic (ahora lo llamo así de cariño) y estaba contento (la la lá) y dispuesto a traerme sopita a la casa y, atención a esto: QUEDARSE CONMIGO CUIDANDOME hasta que me repusiera. Ni respuesta fue un: ¡Noooooooo, rotundo!
Ahí, en ese punto, descubrí que me había comido un cuento sola - una vez más. Y, de tanta reiteración, usé aquella soledad para despotricar un buen rato por mis “iluminadas deducciones” que me habían llevado a catalogar como “enfermedad/debilidad - malo” y “fuerza/fingir demencia – bien”.
Ahí, en ese punto, descubrí que me había comido un cuento sola - una vez más. Y, de tanta reiteración, usé aquella soledad para despotricar un buen rato por mis “iluminadas deducciones” que me habían llevado a catalogar como “enfermedad/debilidad - malo” y “fuerza/fingir demencia – bien”.
Sobra decir que se abrió todo un espectro de dudas: ¿Cuándo uno se siente vulnerable (por enfermedad o por humanidad) es “bueno” pedir aliento? ¿Es humano el requerir la atención del otro? Si no es malo, entonces, ¿cómo se hace - porque hace tanto que perdí la práctica que, ahora, decirle a alguien “cuida de mí por un momento” me cuesta?
Y la duda más importante: ¿por qué y cómo me vendí (en subasta) y compré (en mercado de pulgas) la idea de que aquellas brillantes palabras o acciones que tuvo mi pareja eran total y absolutamente una “verdad” bien argumentada?
¡Hoy siento que ya no quiero "poder" todo sola...!
¡por favor, vecina, páseme una limonada caliente!
Pd.1.- Por favor, tomen en cuenta - si han tenido un novio de estos - que hay otras “prioridades”. Sí, en efecto, si no es Magic existen otros duelos: Playstation, Wii, Pictionary, Monopolio… en fin, cada centauro según su elección.
Pd. 2.- Y, para no perder la idea central del asunto: ¡tomar en cuenta qué es lo que se van a creer y por qué!
Pd. 3.¿Quedó claro, no?
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