sábado, 24 de noviembre de 2012

Susurro al viento, que cantará a tu oído izquierdo: siente a través de mis ojos.



Mientras el mundo se nos pausaba, habría querido agarrar tu silueta entre mis poros, adentrarme, recorrerte en la sangre, y ahí donde se susurran los más íntimos pensamientos, zafar el nudo que te emergía, para que pudieras, a través de mis ojos, sentir que no éramos peso, que no se rompen reglas en un clan inexistente. 

Los gemidos de la habitación contigua, apresurados, profundos, gozosos, resonaban en nuestros espejos, una vez, dos veces, tres. El aliento ajeno rompía tu silencio a gritos. Y yo, yo me concentraba en recrear a través de mis ojos: tu dedo en mi ombligo, mi dedo en tu espalda, los miembros afortunados y laxos -cobijando mis costillas, aguardando tu cabello-. Para que pudieras vernos,
                ¡para que pudieras vernos!  

Predeterminación –encuentro- azar.  Por cualquiera de ellos, otra vez te sujetaría entre mis piernas. 

Es inevitable:
como cortar eucaliptos y sembrar nativos.
como el fresco que atraviesa una bocanada de neblina. 

Ven, enciende la luz y déjame verte desnudo (que no ha sido ligera la…primavera).   


miércoles, 24 de octubre de 2012

El Tao

"Si es tan simple como el encuentro entre el hombre y la mujer, ¿por qué resulta tan difícil? ¡De nada vale luchar, anhelar y buscar, intrigar y discutir, insistir y suplicar! Después de tantas vueltas, algo se interpone y lo simple se hace complejo. Encontrar es reconocer, no hacer. Es mejor olvidarse de anhelar y desear y esperar, aun la soledad, porque estos sentimientos enlodan el agua de la mente"




lunes, 22 de octubre de 2012

tan desmemoriada que olvidé que no tengo memoria...


en días de lluvia, cuando sentía el peso terrible, la bruma en la voluntad, la ceguera en los pies, los aullidos de la enseñanza, el desencaje de la fantasía
(no hay elefantes morados):

en esos días planchabas mi uniforme, no hasta dejarlo sin arrugas, sino hasta que fuera lo suficientemente abrigado, para que me acompañen tus caricias en la tela.  Planchabas mis medias de lana, hasta que fueran lo suficientemente alas -ligeras, calientes, livianas-. 

Llegaba abrazada a la escuela a ordenar la cajita de colores (por afinidades 'tonos de familia'), a dejar que la mano juegue a la caligrafía.

Había días de lluvia en los que sabía de tu regazo.