lunes, 22 de octubre de 2012
tan desmemoriada que olvidé que no tengo memoria...
en días de lluvia, cuando sentía el peso terrible, la bruma en la voluntad, la ceguera en los pies, los aullidos de la enseñanza, el desencaje de la fantasía
(no hay elefantes morados):
en esos días planchabas mi uniforme, no hasta dejarlo sin arrugas, sino hasta que fuera lo suficientemente abrigado, para que me acompañen tus caricias en la tela. Planchabas mis medias de lana, hasta que fueran lo suficientemente alas -ligeras, calientes, livianas-.
Llegaba abrazada a la escuela a ordenar la cajita de colores (por afinidades 'tonos de familia'), a dejar que la mano juegue a la caligrafía.
Había días de lluvia en los que sabía de tu regazo.
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