jueves, 9 de mayo de 2013

de: limpiar la mirada


(...) a veces permaneces horas mirando un árbol, describiéndolo, analizándolo: las raíces, el tronco, el ramaje, las hojas, cada hoja, cada nervadura, cada rama de nuevo, y el juego infinito de las formas indiferentes que tu mirada ávida mendiga o suscita: rostro, villa, laberinto o camino, blasones y cabalgatas. A medida que tu percepción se va afinando, se hace más paciente y más ligera, el árbol explota y renace, mil matices de verde, mil hojas idénticas y sin embargo diferentes. 

Te parece que podrías pasarte la vida ante un árbol, sin agotarlo, sin comprenderlo, porque no hay nada que comprender, solo que mirar: lo único que puedes decir de este árbol, después de todo, es que es un árbol; lo único que este árbol puede decirte es que es un árbol, raíz, tronco, ramas y hojas. 
No puedes esperar de él otra verdad. El árbol carece de moral que proponerte, de mensaje que proporcionarte. Su fuerza, su majestuosidad, su vida -si es que aún esperas obtener algún sentido, algún valor de estas metáforas ancestrales- no son sino imágenes, recompensas tan vanas como la paz de los campos, como la insidia de las aguas en calma, la valentía de los pequeños senderos que trepan no muy alto pero sí ellos solos, la sonrisa de las viñas donde los racimos maduran al sol.

Por eso el árbol te fascina o te sorprende, o te calma, debido a esta evidencia insospechada, insospechable, de la corteza y las ramas, las hojas.

Un hombre que duerme
G. Perec

domingo, 5 de mayo de 2013

PANECITO

He visto la llovizna, que se aproximaba desde el Sur, transformarse en diluvio al llegar a la ventana. Esa neblina, que inunda la tierra que se humedece, fue presagio del tiempo sin luz que se aproxima: mis dedos trazarán tu ombligo en el aire, cuando a mi cuerpo en luto lo rondes con aromas conocidos...


Tributo es acortar la pérdida de los sentidos:
La misma lluvia, antes de chocar, me recorrerá lavando los vestigios que en la piel −ella un tanto necia− ahora se encierran.

¡Por fortuna es invierno! 
Tantas gotas secarán tu voz grave, tu dulce voz grave, de mis oídos, de mi boca, de mi tacto. En unos días, apuntaré la vista clara hacia el Panecito, porque:

esta es tanto una buena despedida que la mano nostálgica se niega a temblar, al cerrar la puerta.  




lunes, 25 de febrero de 2013

gracias por los recuerdos

en los momentos menos adecuados se me quiere ir la lengua, la encierro con esfuerzo.
Trago el impulso y lo arremeto a los dedos.
imagino uno tras otro los cigarrillos que me fumaría si su olor no me resultara insoportable.
No hay vaso que tomar, pared que arañar, mano que sujetar.
si pudiera me subiría al árbol más alto. como una salamandra, con un dedo a la vez tocaría la noche, acariciaría la luna, y de tanto cuidado en los movimientos, podría aullar, aullar con entrega.
¡Sácalo lengua, sácalo de una vez!
escribe, ¿qué más se puede hacer?, ¿qué más quieres hacer?
Cuenta, ¿qué más se quiere hacer?, ¿qué más puedes hacer?

     el jueves, un gorrión bajó al café. despacito, con calma, reunía migajas.
     su comer se registraba en mi piel.
     cada miga: segundos de vejez.

envejezco, abuela...
pero, la memoria es un gran poder.
veo, desde tu habitación, el sonido del viento en las noches de verano; desde tu cocina, la mermelada; desde tu sala, las historias, las veo todas.
¿recuerdas tu sonrisa al escucharme leer mi primera oración?
¿recuerdas tu sonrisa al atardecer?
¿quién diría que el volar de las loras podría traer paz a "el albergue de las mujeres tristes"?

te veo abuela, envejecimos...
pero, la imaginación es más poderosa que la memoria

     el gorrión, cuando se fue, se hizo un abejorro,
     y hay quienes dicen que los abejorros no pueden volar.
     granny, these will always be our days.

ps. voy a buscar la foto de los chihuiles