He visto la llovizna, que se aproximaba desde el Sur, transformarse en diluvio al llegar a la ventana. Esa neblina, que inunda la tierra que se humedece, fue presagio del tiempo sin luz que se aproxima: mis dedos trazarán tu ombligo en el aire, cuando a mi cuerpo en luto lo rondes con aromas conocidos...
Tributo es acortar la pérdida de los sentidos:
La misma lluvia, antes de chocar, me recorrerá lavando los vestigios que en la piel −ella un tanto necia− ahora se encierran.
¡Por fortuna es invierno!
Tantas gotas secarán tu voz grave, tu dulce voz grave, de mis oídos, de mi boca, de mi tacto. En unos días, apuntaré la vista clara hacia el Panecito, porque:
esta es tanto una buena despedida que la mano nostálgica se niega a temblar, al cerrar la puerta.
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