miércoles, 9 de enero de 2013
think of not-thinking
Salí por un ratito, a recoger al gato que lo tenía encargado (a sí mismo, porque de tanta libertad que le cabe resulta inencargable).
Arrastraba los pies, escalón tras escalón, con el peso de sentir cómo te extraña el cuerpo.
...¿cómo te extraña el cuerpo?...
La frase me arrolló por su inquietud (¿?) y no por su determinación (¡!).
¿Sabes de esa regla que dice que después de un punto inicia una nueva oración?
Mi vida tiene una colección de puntos suspensivos, puntos y comas, comas, guiones.
Y vos, ahora, que vienes a ser una especie de tilde, grave y circunflexa, y de diéresis (dos puntos al fin y al cabo).
Y vos, ahora, que matizas la continuidad de mi misma existencia. ¡La salpicas! (es determinativo).
En 14 gradas tuve el tiempo para intuirte en el cuerpo.
Llegué a la terraza y cuando (sin querer) levanté la mirada, la nube era tan nube en medio de la oscuridad, la estrella tan estrella, que no hubo espacio para dudas.
¡Solo hay un punto final! (determinativo).
Hasta su venida, recogeré al gato, desglosaré las oraciones, y dejaré la puntuación a su libre albedrío.
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