viernes, 24 de diciembre de 2010

a finding brings hundreds of findings...

Ayer, mientras el clima se indecidía, vi las grandes gotas de lluvia del nubarrón cubriendo el patio,
escuchaba (modo "repeat") una versión de la canción que me cautivaba hace cinco años,
cepillaba mi cabello con todos los dedos... percibía la sopa que preparaba la vecina.
Estaba "allá y ahí" disfrutando de cada aliento, aire caliente, del rayo de sol que, de pronto,
caía sobre un sillón (dos mil años del mismo sol y el vaivén de gente tan igual y distinta).

Momentos después, unos retratos de alegrías pasadas entre una familia
- miradas profundas, amplias sonrisas, caricias placenteras, travesuras tiernas.
¡Me sobrecojo!

Armo propio nubarrón:
¿qué habría sido de mi vida si Daniel venía? ¿si me hubieras querido?
¿sería-mos feliz-ces? ¿sería-mos un hogar?
¿habría retratos de alegrías pasadas?
incluso, con mucha suerte, ¿podrían ser presentes? ...

Tanto bizantinismo no me sienta.

Vuelvo al rayo de sol en el sillón y, en su luz, veo cuánto ha sido este año.
Se proyecta en mi mente un corto: toda la gente que ha llegado
(incluso tú mismo, en ésta: tu-hoy-nueva forma) desde que te fuiste.
Y, sonrío.
Soy más yo que antes, me exploro, me profundizo, me aligero... me sé más que 359 días atrás.

Son más de dos mil años del mismo sol y el vaivén de gente tan igual y distinta...
donde nadie es alguien definitivo o definitorio, sino ser en permanente construcción;
y todo lo que ahora hay - y todos quienes están-  en mi vida causa, en mí:
la fascinación de mirada profunda y amplia sonrisa.

¡Home is wherever the heart is!


La canción que cautivaba:

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